«¿Dónde puse esta mañana las llaves?», «¿cómo se llamaba la hija de Juli?», «¿cuándo era el cumpleaños de la niña?». Pequeños despistes como estos, a priori sin importancia, pueden llegar a convertirse en un auténtico quebradero de cabeza para quien los sufre en el momento en que la incómoda sensación de lo tengo en la punta de la lengua pero no me acuerdo pasa a ser permanente e interfiere en sus rutinas diarias.
Los despistes suelen aumentar con la edad, factor indisociable a una pérdida de memoria considerada normal. El cerebro no es indiferente al paso del tiempo y, como cualquier otro órgano, está expuesto a cambios degenerativos que, en este caso, afectan, especialmente, a la pérdida de recuerdos a corto y largo plazo, no así a la inteligencia.
Pero hacerse mayor no debe ser sinónimo de resignarse a la cotidianeidad del olvido. Al igual que una planta necesita que la rieguen para no ponerse mustia, la memoria necesita su propio agua para mantenerse activa; hay que ejercitarla para que no se marchite y eso es lo que están aprendiendo los alumnos del taller de refuerzo de la memoria puesto en marcha por la Concejalía de Educación, Sanidad y Bienestar Social del Ayuntamiento de Arroyo de la Encomienda en colaboración con la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzhéimer de Valladolid.
Esta iniciativa, de carácter inédito en el municipio, busca prevenir el deterioro cognitivo propio del envejecimiento a fin de mejorar la calidad de vida de los mayores y mantener activo su espíritu. A falta de conocer la fórmula del elixir de la eterna juventud, el juego y la interrelación se tornan en un eficaz revulsivo para hacer frente a los olvidos.
Desde el 9 de abril, todos los viernes durante una hora y media la sede de la Asociación de Jubilados La Inmaculada Concepción, en la Flecha, se transforma en un campo de entrenamiento mental en el que cada uno de los participantes tiene su propia motivación.
Mercedes se apuntó animada por su hijo; a Rocío ha empezado a fallarle la memoria y, al igual que a Pedro, que lo acusa más desde que dejó de trabajar; Ignacio y Eugenio tienen ganas de aprender cosas nuevas cada día; para Laura es importante mantener un equilibrio físico y mental; Mencia y Emeterio han vivido de cerca un caso de alzhéimer; Mari pensó que una actividad que era buena para otros también lo sería para ella. Y así hasta 16 historias que comparten una meta común: incrementar, en la medida de lo posible, su capacidad de atención y retención.








Me parece una gran iniciativa para los mayores y no tan mayores, ya que estas enfermedades empiezan a afectar a enfermedades más tempranas